El sapo corrió desconcertado hacia lo más profundo del
bosque, se escondió entre las flores violetas al borde del lago. Muchos años habían pasado desde su última
lágrima, y muchas personas llenaban su corazón. El sol que abrigaba con sus
suaves rayos el frescor de la tarde y una tormenta que no pudo prever ataco sin
piedad.
Maniatado a un
destino eterno en búsqueda de un beso mágico que desgastaba ya su esperanza,
con la carga de mil noches solitarias abrazado a yuyal, escuchando una canción.
Pero el destino es travieso y le encanta jugar muchas veces
a cruzar nuevos caminos , hizo enfrentar
una noche al sapo con la mirada de unos
ojos que parecían brillar con una luz propia, radiante. Desde esa noche el sapo
no logra despegar de sus retinas, el brillo de esos ojos que le llenaron de luz
el alma.
Pero el destino es travieso dijimos, y como cruza, también
tambalea. El sapo se tropezó con su propia confianza y cayó al agua. Para
cuando pudo volver a tierra, esos ojos estaban ya a estanques luz. Y aún así, el sigue esperando cada noche, en
el mismo estanque; con una flor y una canción por si ella vuelve.

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